
Tenía que haber otra forma
Aunque mi trayectoria profesional me ha formado, la experiencia que más cambió mi vida fue personal. Al entrar en mis 40, poco a poco dejé de sentirme como yo misma. Siempre había sido activa, sana, llena de energía y amante del aire libre. Entonces las cosas empezaron a cambiar.
Estaba agotada todo el tiempo. No podía dormir. Subí de peso a pesar de comer bien y hacer ejercicio. Luchaba con niebla mental, ansiedad, cambios de ánimo, hinchazón, libido baja y problemas de memoria. Ya no reconocía a la persona que siempre había sido. Como muchos de mis pacientes, busqué respuestas. Visité a varios médicos, pero escuchaba siempre lo mismo: «Sus análisis están normales.» «Solo está envejeciendo.» «Quizá está deprimida.» «Esto es parte de la edad.» En el fondo, sabía que algo no estaba bien.
En dos años me encontré tomando medicamentos para la presión alta, el colesterol alto, la ansiedad, la depresión, el insomnio y el reflujo, y aun así no me sentía mejor. Sabía que tenía que haber otra forma. Así que decidí convertirme en mi propia paciente. Me sumergí en el estudio de las hormonas, el metabolismo, la nutrición, la salud intestinal, la inflamación y la medicina funcional. Cambié mi estilo de vida, optimicé mi nutrición, corregí mis desequilibrios hormonales y atendí las causas de fondo de mis síntomas en lugar de solo enmascararlas. Poco a poco, recuperé mi vida. Hoy tengo la energía para disfrutar de mi familia, dirigir mi consulta, viajar, hacer ejercicio y vivir la vida sana y activa que creía haber perdido.

